El Real Madrid volvió a tropezar en LaLiga al firmar un gris empate 1-1 frente al Girona en el Estadio Santiago Bernabéu. Apenas una jornada después de la dolorosa derrota en Son Moix contra el Mallorca, el conjunto dirigido por Álvaro Arbeloa se estrelló contra el muro defensivo albirrojo, cediendo dos puntos que dejan el campeonato doméstico en una situación sumamente crítica. Con este resultado, el liderato queda a expensas de un FC Barcelona que, de vencer en su derbi frente al Espanyol, podría distanciarse a unos ya muy lejanos nueve puntos en la clasificación.
El Girona, por su parte, sumó un punto de un valor incalculable para consolidar su proceso de reconstrucción en esta segunda vuelta del campeonato. Los hombres de Míchel supieron interpretar las exigencias del guion, renunciando al protagonismo con el balón para firmar un ejercicio de resistencia numantina impecable en territorio blanco.
Fede Valverde rompió el hielo, pero Lemar castigó la pasividad blanca
La primera mitad se desarrolló bajo un monólogo estéril del Real Madrid. Con Vinícius Junior acaparando el juego ofensivo por el sector izquierdo ante la incomparencia de un Kylian Mbappé muy desconectado, los locales se toparon una y otra vez con el ordenado entramado gerundense. El Girona, defendiendo en dos líneas muy juntas y solidarias, limitó los espacios en el último tercio, aunque Andriy Lunin tuvo que aparecer con una mano salvadora ante un disparo envenenado de Azzedine Ounahi en la ocasión más clara de los visitantes.
En la reanudación, el Real Madrid pareció encontrar el camino gracias al instinto de sus individualidades. En el minuto 51, Brahim Díaz conectó por dentro con Fede Valverde, quien ejerció de francotirador para soltar un potente derechazo desde media distancia; el balón sorprendió a un Paulo Gazzaniga mal colocado y se coló en las mallas para desatar la alegría en Chamartín (1-0). Tras el gol, el Madrid perdonó el segundo en una flagrante imprecisión defensiva que Jude Bellingham no logró transformar en asistencia precisa para Mbappé.
Sin embargo, la alegría duró muy poco en el feudo madridista. En el minuto 62, la pasividad defensiva en la frontal del área penalizó con dureza a los locales. Ni Eduardo Camavinga ni Brahim Díaz saltaron a encimar la recepción de Thomas Lemar, quien aprovechó la total libertad para armar un zapatazo cruzado inapelable que batió a Lunin, desatando los reproches del arquero ucraniano a sus compañeros por la falta de intensidad.
Desesperación, tangana y un punto insuficiente
Con el 1-1, Arbeloa movió el banquillo dosificando a los recién recuperados Militão y Bellingham con la mente puesta en la trascendental cita de Champions League ante el Bayern, dando entrada a Arda Güler y Dean Huijsen. El tramo final se convirtió en un quiero y no puedo desesperado de un Real Madrid atascado, que remató mucho por cantidad (22 disparos) pero sin nada de precisión (solo 9 entre los tres palos).
La frustración local se focalizó en la figura de Kylian Mbappé. El astro francés completó una de sus peores tardes de blanco, acumulando hasta 20 pérdidas de balón y mostrándose más enfocado en reclamar penaltis de forma reiterada que en generar ventajas. En el minuto 35, el atacante galo ya había sido amonestado por protestar airadamente tras un forcejeo con Alejandro Francés, lo que desató una tangana sobre el césped. En los últimos compases, el delantero volvió a tirarse en el área exigiendo una pena máxima ante Vitor Reis, pero el colegiado Alberola Rojas, respaldado por el VAR, descartó de inmediato cualquier infracción.
El Girona resistió las últimas acometidas volcadas a la desesperada por las bandas y saboteó los duelos individuales mediante la soberbia actuación del central brasileño Vitor Reis, un titán por arriba y por abajo (6/7 en duelos ganados). El pitido final consolidó un botín de oro para los albirrojos en su camino a la salvación y certificó un frenazo liguero que puede ser definitivo para las aspiraciones del Real Madrid en La Liga.






